La gran mayoría de las mujeres cuando llegan al embarazo tienen bajos niveles de hierro en sangre, lo que indica que sus depósitos de hierro (localizados en las células) también están bajos.
Estas bajas concentraciones de depósitos de hierro se asocian con bajo consumo de carnes en la dieta y alta ingesta de vegetales y fibras, incluyendo granos. Además, de las pérdida de hierro como consecuencia de menstruaciones abundantes. Una mujer embarazada necesitará durante todo el embarazo (40 semanas), unos 500 mg de hierro extra para una adecuada salud materna y desarrollo fetal.
La mayor necesidad de hierro durante el embarazo, se explica porque existen mayores demandas por la formación de la placenta, aumento en la formación de los glóbulos rojos de la madre y el desarrollo fetal, las cuales deben ser compensadas con mayor cantidad de hierro.
barriga
La deficiencia de hierro desde el inicio del embarazo conllevará a alteraciones del desarrollo fetal, con consecuencias como riesgo elevado de bajo peso al nacer y de parto pretérmino, y posteriormente en la etapa infantil, trastornos de aprendizaje, memoria e inteligencia.
Para la madre, la deficiencia de hierro conlleva a un mayor riesgo de infecciones, cansancio y debilidad. Además, puede presentar cefalea o dolor de cabeza, palpitaciones o taquicardia, inflamación del tejido interno de la boca (estomatitis) y la lengua (glositis), fragilidad de las uñas y caída del cabello.
Los síntomas mencionados antes, se pueden presentar solo por deficiencia de hierro. En los casos que se desarrolla anemia por deficiencia de hierro, además de estos síntomas es característica la palidez cutáneo-mucosa.
