Mitos: Los peores enemigos de la lactancia materna.

1- Mito: Hay madres que no producen leche.
¡Falso! Durante el embarazo, todas las mujeres segregan hormonas que la preparan para la lactancia. Existen casos en los que tarda un poco más la bajada de la leche, sobre todo cuando se realiza una cesárea programada. En la gran mayoría de los casos con estimular la producción de leche colocando al bebé en el pezón para que succione es suficiente para que la madre pueda producir leche al cabo de unos días.

2- Mito: La leche materna es de peor calidad que la leche de fórmula.
A ver; la leche de los primeros días está estropeada y no se le puede dar al niño: esa leche, llamada calostro, funciona como una vacuna natural para el bebé recién nacido, por lo que es muy importante que se le proporcione ese alimento, vital para que fortalezca su sistema inmunológico y esté protegido contra infecciones y otras enfermedades.
Esto no es cierto: la leche de fórmula es un alimento que no contiene anticuerpos ni enzimas fundamentales para que el niño se desarrolle más sano.

3- Mito: La leche transparente no alimenta:
La leche materna no siempre es del mismo color. Incluso, durante una misma toma, al principio puede ser más clara que al final, pero toda la leche es rica en nutrientes necesarios para el bebé.

4- Mito: La leche después de los seis meses ya no tiene nutrientes:
¡Falso! De hecho, la leche nunca pierde sus cualidades nutricionales ni deja de aportar todos sus beneficios al bebé. A medida que el bebé crece, la leche de su madre se adapta para que en todo momento el niño reciba la alimentación adecuada. Obviamente, luego de los 6 meses hay que introducir alimentos sólidos, los niños no solo pueden quedarse con la leche.

5- Mito: La leche materna tiene bacterias que pueden enfermar al niño:
¡Todo lo contrario! La leche materna contiene enzimas y anticuerpos que ayudan a proteger al niño de enfermedades e infecciones y además ayudan a desarrollar su flora intestinal, lo que disminuye las probabilidades de que el bebé sufra de diarreas o de otras enfermedades gastrointestinales. Además, la leche materna se digiere mucho mejor que la de fórmula.