Los esmaltes no son malos y pintarse las uñas tampoco; las mujeres de la antigua Grecia, lo hacían para marcar un estatus social. Las uñas no se dañan por el uso frecuente de los esmaltes, de hecho, es beneficioso porque este las endurece evitando que partan o se astillen.
Aunque las tintas sean muy oscuras, tienen pigmentos fuertes que tienden a debilitar y pigmentar la uña. Por eso, es necesario protegerlas aplicando un a base antes del esmalte para evitar que las sustancias dañinas ingresen en tus uñas.
Dato:
En el 2006 El Departamento de Control de Sustancias Tóxicas de California realizó un estudio donde se analizaban siete esmaltes que decían en su etiqueta no contener sustancias dañinas para el organismo, pero cinco de ellos resultaron tener componentes del llamado “trío tóxico” (formaldehído, ftalato de dibutilo (DBP) y tolueno) sustancias cancerígenas. Aunque no causan cáncer en las uñas ni enfermedades directamente en ellas, sus consecuencias llegan por la inhalación, están relacionadas con problemas en el embarazo, problemas de asma y otras enfermedades respiratorias. Muchos fabricantes de esmaltes han intentado desde hace varios años eliminar estos tres componentes, reemplazándolos por otros.
Por eso, los esmaltes deben pasar pruebas de controles sanitarios para poder ser comercializados, estas pruebas, se supone, que se aseguran que los componentes no sean dañinos al organismo, sin embargo hay ingredientes en la composición de los mismos con efectos secundarios en el cuerpo, pero esta no es una razón para preocuparse, puesto que el uso de este producto es externo y pocas veces tiene contando directo con la piel.
Con el tiempo, algunas uñas pueden tomar un tono amarillo; esto, sucede por usar tanto esmalte. Para blanqueártelas, puedes sumergirlas en una taza con agua y limón por unos minutos y luego, las lavas con agua fría, si notas que siguen amarillas es mejor no pintarlas durante un tiempo.

